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Nunca más Lenin Moreno (Aminta Buenaño)

Ecuador desde su fundación en 1830 ha tenido aproximadamente 82 presidentes o jefes de estados. Unos buenos, regulares, malos y muy malos. El país ha andado, con brillantes excepciones, siempre a la deriva como un barco errante, como un caballo desbocado, sujeto solo a las bridas de gamonales, terratenientes, banqueros y grupos de poder cuyos intereses han prevalecido sobre los de la inmensa mayoría. Cuando ha habido presidentes que se han opuesto a las líneas atávicas del poder han sido asesinados y arrastrados como Eloy Alfaro, linchados y perseguidos políticamente como Rafael Correa o fallecidos en catástrofes sospechosas como Jaime Roldós.  Su inestabilidad política ha sido tan desastrosa que llegó a tener en el curso de diez años más de siete presidentes, antes de la llegada de Rafael Correa que gobernó durante una década respaldado en el apoyo popular.

Uno de los estigmas del subdesarrollo es ver que en las naciones cuyos sistemas judiciales son débiles las leyes solo se aplican para los de abajo y la corrupción cuando campea en las altas esferas de los cuellos blancos parece casi invisible por la impunidad y falta de castigo, y cuando se origina dentro del corazón mismo del poder y está amañado con el poder mediático, solo se escucha el pavoroso estruendo de un silencio absoluto.

Es lo que ha pasado con el presidente Lenin Moreno que arrasó con muchos derechos y beneficios sociales, que arrojó a miles de funcionarios de su trabajo acrecentando la pobreza de las familias en el Ecuador y debilitando el Seguro Social; que subió la gasolina y el costo de la vida, que redujo los sueldos de los funcionarios públicos, y que nos deja de herencia, en medio de una crisis sanitaria de proporciones colosales, dolor y más dolor. Y en el colmo de su cinismo o virtual indiferencia se empeña en los últimos días de su agónica y vergonzante presidencia en enrostrarnos supuestas obras que jamás vimos y trabajos que no vivimos, gastando un dinero que los ecuatorianos no tienen, como si a última hora quisiera hacer un ejercicio de arrepentida reparación.

Durante la gestión de su gobierno y aquí la palabra “gestión” es meramente eufemística, el ecuatoriano común ha sentido que la silla de gobierno durante 4 años ha estado vacía, como si el presidente hubiera optado por evaporarse y no gobernar y haya entregado su poder y responsabilidad en las manos siniestras de grupos oscuros y funcionarios insignificantes que lo único que hicieron es llevar agua para su molino, enriquecerse con una corrupción a ojos vista y destruir los cimientos del Estado. Ha sido el impulsador de leyes lesivas a la estabilidad y derechos de los trabajadores como la ley “Humanitaria” que sirvió para que se arrojara a la calle a miles de trabajadores con liquidaciones paupérrimas y vergonzantes, y la ley de “protección” a la dolarización que más que protegerla la pone en inminente riesgo al entregar el Banco Central en manos de la banca privada y sus ya conocidos salvatajes y establecer los créditos flotantes para los consumidores.- Publicidad Inline Ad –

Durante la presidencia de Moreno nos fuimos quedando sin tren, sin correos, sin aerolíneas nacionales, sin medios y empresas públicas y sin dignidad; pues ha sido muy hábil en destruir muchas cosas, en lugar de reparar, construir y trabajar si eran deficitarias, como se esperaba que lo haga como mandatario en el poder. Atribuía todo mal, toda carencia o falta de su accionar hasta límites risibles y surrealistas a su antecesor. La frase “la culpa es de Correa”, inmortalizada en miles de memes, se hizo histórica en los labios del presidente quien nunca se hizo responsable de nada, a pesar de haber estado muy cercano al poder y haber gozado de privilegios inimaginables durante los días en que gobernó la revolución ciudadana.

Durante su mandato entregó todo su poder a poderosos grupos económicos favorecidos con amnistías millonarias con la única solicitud que lo mantengan flotando en las nubes de una presidencia de papel y pueda viajar y dar sus famosas y comentadas conferencias cuánticas. Todo el país conocía o presentía que el verdadero poder estaba tras el trono y que el presidente estaba maniatado por los grupos a los que servía.

Hay datos muy curiosos y peculiares que distinguieron al presidente Moreno y que resulta interesante reseñar:

Es el único presidente en la historia del Ecuador que ganó con un plan de gobierno, pero que gobernó literalmente con el de su opositor y perdedor en las urnas.

EL único presidente en ejercicio que manifestó una extraña enfermedad política por la cual de un discurso de corte progresista mantenido fielmente durante largos diez años, pasó en menos de tres meses a profesar una recalcitrante filosofía neoliberal sorprendiendo a sus votantes.

El único presidente en la historia reciente del Ecuador en el que observamos una total falta de carisma, liderazgo y, consecuentemente, seguidores; hasta el extremo que fue él mismo quien exterminó a su propio partido político que lo secundaba en la asamblea, el cual no logró una sola curul en las últimas elecciones. Y el único presidente que ha expresado públicamente que odiaba a los que votaron por él. Muchas veces manifestaba incoherencia entre lo que decía y lo que hacía, como sus discursos en contra de la violencia hacia la mujer, mientras que por lo bajo mermaba el presupuesto que mantenía a las instituciones que defendían sus derechos.

 Ha sido el único presidente en la historia del Ecuador que marcó un hito al ser la primera persona con discapacidad en ganar la presidencia del país; pero también proyectó, reflejó y caracterizó esa invalidez en la paralización de obras y acciones públicas en favor de las mayorías.

El único presidente que ante una catástrofe mundial como la pandemia del covid 19 que llegó a límites intolerables con muertos en las aceras, cadáveres en fosas comunes, cuerpos extraviados, colapsos en hospitales y más de 50.000 fallecidos, prefirió pagar a los acreedores internacionales antes que atender la salud de su pueblo y, en estos últimos días, con total frescura, continúa haciéndolo, al destinar millones del presupuesto nacional para la compra de armamentos para la policía y para inútiles propagandas que levanten su enclenque y debilitada imagen.

El único presidente del Ecuador que con su lema “sembrando futuro”, sembró alarmantes cifras de pobreza y desempleo que crecieron durante su mandato, pauperizando la vida de la mayoría de la población. Al término de su presidencia los pobres son muchísimos más pobres y los ricos más ricos.

Lenín Moreno ha sido el presidente que gobernó con un discurso mediático de anticorrupción y antes que se termine su mandato la opinión pública observa alarmada que su más cercano entorno político ha sido de lo más corrupto (secretario de presidencia, asesores, contralor, etc.) Tampoco nunca pidió que se abran las cuentas Ina Paper, aunque sea por un elemental ejercicio de transparencia y responsabilidad. 

Lenín Moreno ha sido el único presidente que ha declarado públicamente que él merecía un mejor pueblo, despreciando el poder soberano de este y el hecho de que el presidente como el primer servidor de la república debe rendirle cuenta al pueblo y no al revés: “Yo también hubiera querido tener un mejor pueblo”, fue su respuesta, muy suelto de huesos, cuando comentó en el Foro para la Defensa de la Democracia en Miami, que alguien le pidió que sea un mejor presidente, haciendo el ridículo general.

Y por último resulta muy curioso que habiendo llegado a la presidencia con más del 77% de apoyo popular, su aceptación ha ido cayendo progresivamente hasta ser uno de los presidentes que se va con uno de los más bajos índices de aceptación social y de repudio general.

De su presidencia, fuera de lo dicho, no hay nada más que comentar, solo que trajo los vientos de la desgracia al país y puñaladas de dolor y más dolor en el pueblo ecuatoriano que aún no se levanta de la crisis de la pandemia y de una economía que raya en la miseria y la desesperanza. El pueblo está expectante de las primeras acciones del nuevo presidente Guillermo Lasso.

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Periodista Ecuatoriano comprometido con la verdad absoluta.